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de la villa 21 a Noruega por un sueño

de la villa 21 a Noruega por un sueño

Cuando su avión aterrizó en Oslo y puso los pies en tierras noruegas, Yonhatan se puso a llorar. “Fue la primera vez que viajé tan lejos de Argentina. Estaba muy ansioso y me emocioné mucho al llegar porque sabía que estaba cumpliendo mi sueño más grande, que era conocer Noruega”, dice, ahora desde su casa ubicada en villa 21 de Barracas, dispuesto a contar cada uno de los 16 días inolvidables que vivió en aquel país nórdico

Yonhatan tiene 21 años y es sordo desde los 2 porque le curaron mal una varicela en Paraguay, donde nació. Se interesó por Noruega después de que una amiga suya le mostrara fotos de un campamento para sordos en Roma. Una chica llamó su atención: se llamaba Izabella y había nacido en Noruega. Enseguida empezó a buscar más fotos de paisajes, a leer sobre esa cultura, a intentar aprender el idioma y, por qué no, a buscar a Izabella.

Con Izabella. El encuentro fue en Berger. A ella la vio en una foto y no paró hasta conocerla personalmente. Los dos son sordos.

Con Izabella. El encuentro fue en Berger. A ella la vio en una foto y no paró hasta conocerla personalmente. Los dos son sordos.

En esa búsqueda, a través de Facebook, se contactó con Eirin Kallestad, una noruega de 40 años que vive hace seis en Argentina y que decidió ayudar a Yonhatan con el idioma primero y con su sueño de viajar a Escandinavia después.

Eirin fue quien tuvo la idea de convertir la historia de Yonhatan en un documental. Y fue por todo: consiguió interesar a una productora de su país y logró que le financiaran el viaje de Yonhatan. El proyecto espera para avanzar a una etapa de rodaje, pero ya provocó que se cumpliera la parte más sustanciosa de esta historia: el sueño de Yonhatan.

“Estuvo muy emocionado durante todo el viaje. No le importaba que anduviéramos todo el día activos y durmiéramos poco: al otro día tenía toda la energía disponible de nuevo”, cuenta Eirin.

Con Eirin, en Noruega. Ella hizo posible el sueño de Yonhatan y quiere filmar su historia.

Con Eirin, en Noruega. Ella hizo posible el sueño de Yonhatan y quiere filmar su historia.

Las pocas horas de noche -el sol se escondía pasadas las once y volvía a salir a las tres de la madrugada- no dejaba a Yonhatan descansar profundamente. Pero tampoco lo amedrentaban. El frío, cuenta él, tampoco. “En general, en los lugares de más contacto con la naturaleza, el frío se percibe también a través del olfato”, cuenta.

Ese, el de los paisajes gélidos, fue uno de los tantos aromas que le gustaron de Noruega, un país en el que Yonhatan sintió que lo miraban con extrañeza al agregarle azúcar al café, y en el que él se sintió algo sorprendido al ver que los saludos son apretones de manos o abrazos no demasiado fuertes, pero que los amigos no se besan al encontrarse.

Con Eirin, en la Villa 21, de Barracas. Acá se conocieron. Luego viajaron juntos a escandinavia. Foto: Emiliana Miguelez

Con Eirin, en la Villa 21, de Barracas. Acá se conocieron. Luego viajaron juntos a Escandinavia. Foto: Emiliana Miguelez

“Son muy distintos a nosotros, pero tienen una gran amabilidad”, reflexiona. De los olores, el único del que prefiere no acordarse mucho es el de los mariscos: “Comen muchísimos mariscos y a mí no me gustan. En el mercado de pescados de Bergen se sentía mucho ese olor. Pero sí empecé a comer pescado y me gustó mucho”, cuenta.

Una de las postales que más disfrutó Yonhatan fue en Preikestolen, en el sudoeste de Noruega. “Mucha gente tiene miedo ahí: es un lugar impresionante, pero a mí no me asustó”, cuenta. Se trata de una formación rocosa que, en forma de acantilado, cae seiscientos metros hacia el fiordo.

“Viajar con Yonhatan me hizo ver mi propio país con ojos nuevos: yo no conocía Preikestolen, lugar al que llaman ‘El Púlplito’ y que es muy popular en Noruega. Y lo vimos juntos. Eso fue muy emocionante”, cuenta Eirin.

En Barracas. El sueño empezó a gestarse entre estos pasillos. Foto. Emiliana Miguelez

En Barracas. El sueño empezó a gestarse entre estos pasillos. Foto. Emiliana Miguelez

También fueron a ver la obra teatral ‘Peer Gynt’, de Henrik Ibsen, el dramaturgo más importante de Noruega. Estábamos en la primera fila. Llovía mucho, en un momento, muchísimo. Pero los actores no se desconcentraban. Fue muy, muy lindo”, se acuerda Yonhatan.

Los viajes en tren entre ciudades como Oslo y Bergen fueron para Yonhatan algunos de los momentos de mayor placer en sus dos semanas en Noruega. Aunque el trayecto que más disfrutó fue entre Myrdal y Flåm: “La naturaleza se veía es muy hermosa. Había muchísimo verde y todavía se veía nieve en lo alto de las montañas”.

Eirin tomó imágenes para un documental sobre esa travesía que ahora mismo está en plena producción. Durante esos viajes, Eirin y Yonhatan estuvieron rodeados de cámaras: “Quienes viajaban en el mismo tren que nosotros creían que éramos famosos, fue muy divertido”, se acuerda Eirin. También hay imágenes de ellos dos en paseos en velero por los fiordos: “Nos metimos al mar, y una de las cosas que me llamaron más la atención fue ver cómo había noruegos que se metían al agua desnudos”, recuerda él.

Sueño cumplido. En Escandinavia. Allí quiere volver a estudiar en el "pre-universitario". El ya es profesor de lenguaje de señas en un instituto.

Sueño cumplido. En Escandinavia. Allí quiere volver a estudiar en el “pre-universitario”. El ya es profesor de lenguaje de señas en un instituto.

Pero el momento más importante de todo ese viaje, el que lo había llevado hasta Noruega, fue conocer a Izabella, la chica a la que había contactado por Facebook en 2013 y con la que permanecía en contacto desde ese momento.

“Como yo, es una chica sorda. Fue quien despertó mi interés por Noruega y en nuestro encuentro, en Stavanger, me contó todo lo que todavía no me había dicho sobre su país. Fue un momento hermoso, después de años de espera para conocernos. Uno de los más importantes de mi vida”, dice Yonhatan. Fue con ella y con sus amigos, también sordos, que salió de noche en Oslo. “Le di lo que sería la tarjeta SUBE de Noruega y se manejó perfectamente solo con Izabella y sus amigos”, cuenta Eirin.

​Durante esa estadía, además de fiordos, acantilados, café sin azúcar, pescado, y hasta un asado que la familia de Eirin preparó en su honor, Yonhatan conoció una escuela pre-universitaria a la que asisten sordos y oyentes. “Es en las montañas de Hemsedal, en los Alpes escandinavos. Todas las clases se dan en lengua de señas y me encantó conocer el lugar. Me dieron muchísimas ganas de estudiar ahí“, se entusiasma.

Yonhatan ya terminó el año pasado la escuela secundaria y ahora trabaja como profesor de lengua de señas en un instituto. También da clases particulares de esa lengua y de inglés, y espera poder empezar a enseñar noruego dentro de poco. Algunas noches duerme en su casa familiar, en la villa 21, y otras, en lo de Eirin, en Palermo.

En 2016, en una pared de la casa de ella, los dos amigos improvisaron un calendario en un pizarrón: les servía de cuenta regresiva para aquel primer gran viaje juntos. “Estamos trabajando para ver si podemos lograr que él estudie un año en el pre-universitario noruego”, cuenta Eirin. Para eso, intentarán obtener una beca y ahorrar. Yonhatan ya cumplió un sueño. Va por el próximo.

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